La realidad supera a la ficción en nuestra sangrante Latinoamérica.
La serie matarife se ha transformado hasta la fecha en un fenómeno comunicacional digno de destacar. No solo por su formato novedoso de distribución y rodaje fílmico sino por el contenido directo y sin subterfugios acerca del ex Presidente colombiano ,sus ex funcionarios y una red de outsiders digna de un policial negro,
Pero la realidad supera a la ficción en nuestra sangrante Latinoamérica…
Matarife es la prueba viviente de un producto periodístico/jurídico presentado en forma dinámica en escasos minutos por capítulo. No obstante alcanzan, en tiempos virtuales, a graficar el vejamen político que denuncia.
Como pocas veces nos enfrentamos a la contradicción institucional de observar cuando es el Estado el que mata; y a partir de esta premisa como la escala de valores sociales, culturales y legales se desmadró en la querida Colombia fruto de ese complejo entramado de narcotráfico, políticos corruptos y fuerzas de seguridad armada cruzadas por internas interminables.
En estos tres primeros capítulos el valor de los espacios donde le crimen de diseña, racionaliza y se ejecuta se ubica fuera de los escritorios gubernamentales. Pero , a diferencia de otras bandas que trabajan en la clandestinidad, aquí son las propias máximas jerarquías del gobierno de Uribe quienes se agrupan en El Nogal: el espacio donde el lado B de las decisiones gubernamentales conforman su faz criminal.
Y para eso no hace falta que creamos con fe religiosa lo que nos presenta el trabajo periodístico/jurídico de Daniel Mendoza Leal y equipo…basta con observar como la misma Procuración de entonces en Colombia determinó la enorme importancia que tenía “el club” en ciertas nefastas decisiones políticas.
En ese “no espacio gubernamental” se planearon crímenes y se bendijeron ejecutores… Vale decir que entre los vapores del sauna, la comodidad de sus cuartos y la selección exclusiva gastronómica de la cocina deambularon ideólogos y autores materiales .
Una maquinaria conducida, indudablemente por Uribe, quien no podía ignorar lo que allí ocurría ni el desfile de lo más selecto de su gobierno y mano de obra patriota.
Por eso hablar de un plan genocida no es descabellado…
Resulta difícil imaginar que esa “élite diabólica” podría haberse enriquecido ilegalmente merced a sus tropelías?
Resulta difícil imaginar como se “auto convencían” que ese búnker era el faro moral de la patria?
Hablar de esto no es negar los otros males que afectaron a Colombia durante décadas…no caigamos en los facilismos de pensar que valorando esta serie privilegiamos otros crímenes. Lejos está de mi persona.
No obstante agravia al mundo todo cuando es un presidente y parte de sus ministros quienes encabezan el latrocinio, ocultamiento, asesinatos y extorsiones varias mientras hablaban al mundo rasgándose las vestiduras húmedos de agua bendita…
Cuántos militantes uribistas seguramente ignoraban estas prácticas oscurantistas?
Cuánta sociedad engañada en un discurso político que construía permanentes enemigos con los cuales seguramente jugarían póker en El Nogal?
Y luego la justificación que fue una guerra, que a los enemigos de la patria hay que meterles bala antes que ellos lo hagan, familiares asesinados en todos los bandos que parecieran dar patente de corso para matar y para mostrarse como víctimas eternas.
Matarife se trata de exhibir un sinnúmero de pruebas y conjeturas que ningún miembro del poder judicial se atrevió a investigar. Desafía el propio autor a hacerlo…
No se trata de matar al cartero que trae la mala noticia…se trata de mirar desde “otro” lugar cierta historia oficial colombiana escrita por quienes fueron circunspectos colaboradores de Uribe hasta la fecha.
Seguramente ese otro espacio ,desde donde invitamos a ver la serie, difiere notoriamente de El Nogal, un contra-espacio que celebro se encuentre lejos de nuestra forma de ver la democracia, el Estado, la vida…
Vaya un homenaje entonces a los que todavía se animan, con riesgo concreto de vida, a mostrarnos esa forma de hacer política que aborrecemos.
Y también el reconocimiento a quienes perecieron en esa lucha de visibilización del crimen político.

