Cuando la forma pesa tanto o más que el fondo

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Por lo pronto, es nuestro deseo que el presidente Biden tenga éxito en su gestión, pues ello incidirá de manera directa en los ciudadanos de ese país, y sin dudas, en el resto del planeta.

En la comunicación política moderna la forma puede llegar a ser tan o más importante que el fondo. Por ello la puesta en escena de un discurso o un mensaje tiene que, de manera armónica, lograr que tanto las palabras, los personajes, los simbolismos, la música, la decoración y ambientación, así como los invitados, sean parte integral de ese discurso o mensaje, con lo cual se logra potenciar el mismo.

Establecer ese equilibrio y armonía no es una labor sencilla, de hecho, es compleja, hay que ser cuidadoso en la selección de cada elemento, pues, se corre el riesgo, por un lado, de que alguno de los elementos opaque a otros, o que alguno sea mal interpretado por la audiencia.

Hoy es el día de Estados Unidos. Hoy es el día de la democracia. Un día de historia y esperanza, de renacimiento y resolución.” Así comenzó el presidente Biden su discurso inaugural, en un escenario en el que se cuidaron todos los detalles, donde la ceremonia estuvo llena de simbolismos, todo enfocado a resaltar la unión, la diversidad, la esperanza, el legado de la historia americana y el orgullo que de ella tienen los estadounidenses. Así transmitió a los ciudadanos seguridad, esperanza, enviando el mensaje del comienzo de una nueva era.

Cada palabra de ese discurso tuvo un destinatario. Después de más de dos meses dónde el ex presidente Trump trató de ahondar la brecha que divide a los norteamericanos, aunado a los hechos del 6 de enero en el Capitolio, momento cúspide del intento por desconocer el resultado electoral, tenía entonces el presidente Biden que enviar el mensaje, por todos los medios, que la democracia y la institucionalidad estaban de vuelta.

Todo estuvo pensado para transmitir a los ciudadanos que un nuevo día, una nueva era comenzaba, tal cual reflejo la fotografía que colocó en todas sus redes sociales el día 20 en horas de la mañana, donde se veía el despuntar del sol por detrás del Capitolio, y al frente, las banderas americanas representando a las más de doscientas mil personas que calcularon podrían haber asistido si estuviéramos en condiciones normales.

Hoy celebramos la victoria no de un candidato, sino de una causa: la causa de la democracia. La voluntad del pueblo ha sido escuchada y la voluntad del pueblo ha sido acatada.” Esta oración por supuesto define claramente el tono con el que se llevará la administración, dejando atrás los días aciagos vividos, dejando en el olvido aquellos días recientes en que la democracia norteamericana sufrió su más despiadado ataque en 200 años.

Pero la historia de Estados Unidos no depende de uno de nosotros ni de algunos de nosotros, sino de todos nosotros.” Con esta oración el presidente Biden sienta las bases de que todos son necesarios, muy posiblemente un claro mensaje para los republicanos, señalándoles que solo juntos podrán salir adelante.

Ya casi al cerrar su discurso de apenas 25 minutos dijo: “Nos enfrentamos a un ataque a la democracia y a la verdad, a un virus atroz, a un aumento de la desigualdad, al aguijón de un racismo sistémico, a una crisis climática y al papel de Estados Unidos en el mundo.”, con lo cual definió sus seis prioridades y entre las cuales tuvo la valentía de nombrar dos que muy pocos funcionarios de alto rango se han atrevido a nombrar y que son de vieja data y han contribuido a ahondar esa brecha que hoy los divide a los estadounidenses, la desigualdad y el racismo.

No conforme con ello también añadió: “Defenderé la Constitución, defenderé nuestra democracia. Defenderé a Estados Unidos y lo daré todo para servirles, pensando no en el poder, sino en las posibilidades, no en el interés personal sino en el bien público.”

Si vemos entonces todo el panorama, el momento histórico, toda la puesta en escena, es claro que lograron establecer ese delicado equilibrio que comentamos al principio de este artículo, consiguiendo así un impacto que perdurará, siempre y cuando esté acompañado por las acciones concretas futuras. Si no hay acciones que le den soporte a ese discurso inaugural sencillamente habrá sido un bonito discurso olvidado rápidamente y peor aún, un discurso que buscaba cerrar brechas, pudiera ahondarlas aún más si no hay políticas y acciones concretas que le den soporte.

Por lo pronto, es nuestro deseo que el presidente Biden tenga éxito en su gestión, pues ello incidirá de manera directa en los ciudadanos de ese país, y sin dudas, en el resto del planeta.

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